Pedro Infante en su tumba, con guitarra bien templada,
entonaba “Amorcito Corazón”, a la Catrina enamorada.
Ella coqueta le guiña, mientras él le da su flor,
“Te espero aquí, Flaca hermosa, para cantarte mi amor.”
Entre sombras y canciones, volaba en su avión de papel,
con la Catrina a su lado, “¡Ay, Pedro, ya cántame bien!”
Mas él le da un “Cien años” de esos que hacen llorar,
y la Muerte le responde, “¡Pedro, deja de coquetear!”
En su “Escuela de Rateros”, Pedro trató de sobornar
a la Flaca con su encanto y su sonrisa tan fatal.
“Mi Pedrito, no me engañas, me robas hasta el suspiro,
pero aunque seas ‘El Inocente’, ¡no te escapas, con tus amigos!”
Entre “Los Tres Huastecos” y “Pepe El Toro” en su andar,
a La Catrina le cantaba con ganas de cortejar.
“Flaca, ¡ay cómo te quiero!, vámonos juntos a charlar.”
Pero ella le dice, seria: “¡Pedro, ya te vas a calmar!”
Él le prometió mil cielos, con un “Cucurrucucú” de paz,
mientras ella lo abrazaba al compás de un vals.
“Pedrito, en este panteón, tú serás el trovador,
con tu ‘Serenata Huasteca’, nos enamoras, mi amor.”
En “Nosotros Los Pobres”, con su mirada inocente,
le decía a La Catrina, “¡No te lleves a mi gente!”
Pero la huesuda ríe, mientras baila su canción:
“Pedro, todos somos pobres, y aquí mando yo, mi amor.”
Le enseñaba a ser valiente, como en su “A Toda Máquina”,
La Muerte quedaba perpleja ante su nobleza latina.
“Pedro, aunque seas galán y manejas con destreza,
en esta moto fantasma ¡te llevo con mi belleza!”
Con la cantina del Mictlán, “Juan Charrasqueado” llegó,
con su sombrero bien puesto, al panteón todo agitó.
“Flaca, yo aquí soy charro, de charro no tengo miedo,”
La Muerte alzaba su copa: “¡Salud, al eterno Pedro!”
Con “Angelitos Negros”, a La Muerte enternecía,
mientras los esqueletos con Pedro se derretían.
“Cantor de todos los pueblos, te canto con gran amor,
tus ‘Angelitos Negros’ aquí brillan con fulgor.”
Y así en el más allá, Pedro le canta a la muerte,
sin miedo ni restricción, con su voz tan fuerte.
“Soy el ídolo inmortal, soy el charro bien plantado,
¡y hasta en la eternidad, me he ganado estar tu lado!”
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